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Yo quisiera que alguien le hubiera dado a Jesús un perro
tan fiel y cariñoso como el mío,
que hubiera dormido junto a Él en el pesebre,
que
lo hubiera mirado con amor,
y
lo hubiera adorado por ser Divino.

Al
crecer Nuestro Señor, lo hubiera seguido
a
través de los días y los años,
mientras
predicaba a las muchedumbres,
resucitaba
a los muertos,
o
se arrodillaba en el Huerto de los Olivos para rezar.
Es
muy triste saber que Jesús se enfrentó solo a la muerte
sin
el amor de un perro que le acompañara
para
confortar su corazón.

Y
cuando Jesús resucitó la mañana de Pascua
¡que
feliz habría sido al ver a su perro
y
como éste lamería Sus manos
lleno
de alegría por volver a verle!.
Pero,
ahora Jesús, ya tiene un perro.
Hace
poco que le he enviado al mío
mi
viejo compañero, tan querido por mí.

Día
tras día, durante mucho tiempo
adonde
quiera que fui, cuatro patas decían:
¡Espérame,
que voy contigo...!
Y
era feliz, corriendo tras mis pasos.
Ahora
sonrío a través de mis lagrimas,
en
este primer día en que me falta su compañía
sabiendo
que acompaña a Jesús en la Eternidad.
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Rudyard Kipling
Diseño
y gráficos de Trenzas. Octubre 2008
La
música que escuchas: "Lamento"
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