José de Arimatea era un hombre bueno, que seguía las enseñanzas del Señor y le acompañó durante su calvario. Por ese motivo fue perseguido a muerte por los romanos.
 Huyó de Jerusalén, llevando consigo el Cáliz que Jesucristo había usado en la Ultima Cena, bien cubierto con un fino lienzo, protegido de miradas irrespetuosas. José caminó durante mucho tiempo con su preciada carga y para ayudarse en las duras jornadas, usaba un fuerte bastón de madera que él mismo había hecho cortando una rama de un árbol caído durante una tempestad.
Después de años de viaje, llegó a Francia, donde pensó que había llegado al término de su camino y podría descansar.



Pero una noche, un resplandor que iluminó todo el cielo, despertó a José y vio un Ángel a los pies de su cama. El Ángel habló; " José, debes ir a Britania. Allí enseñarás la Palabra de Dios y dondequiera que veas suceder un milagro en la noche de Navidad, edificarás la primera Iglesia de esa tierra". Y dicho esto el Ángel desapareció.
José contó lo sucedido a sus discípulos y todos embarcaron  hacia Britania.

Predicaron en la corte del rey Arvigarus que dio alojamiento a José y sus discípulos para que pudieran seguir con su labor evangélica y les alojó en la Isla de Avalon, un lugar tan precioso que era llamado Isla de Cristal y también Isla de las Manzanas por el sabroso fruto que allí crecía en abundancia.
Pasó el tiempo felizmente para todos. En los suaves valles de la isla el aire se perfumaba con el olor de las flores, la hierba era tierna bajo los pies y las olas tranquilas acariciaban las playas.



Y llegó la Nochebuena a los campos de Avalon. José y sus compañeros de viaje pensaron celebrarla en lo alto de una colina, desde donde se divisaba toda la isla. Tomaron el Santo Cáliz, bien protegido con un blanco lienzo y emprendieron la penosa subida a la colina. José de Arimatea ya era un hombre anciano y le costaba mucho esfuerzo ascender. Se apoyaba en su viejo bastón de siempre y subía con mucha fatiga. Cuando por fin llegaron a la cima, José clavó su bastón en el suelo y entonces fue cuando ocurrió el milagro. El bastón, inmediatamente reverdeció, nacieron raíces nuevas de su reseco tronco y en pocos minutos era ya un frondoso árbol colmado de flores.

 

José recordó lo que el Ángel le había ordenado y afanosamente se pusieron al trabajo. Recogieron mimbres, cañas y juncos de las riberas de los ríos y con ellos entretejieron paredes y techumbre. Las reforzaron con barro amasado con sus manos y consiguieron troncos para hacer un altar y colocar sobre él el Sagrado Cáliz. Y aquella fue la primera Iglesia cristiana de Inglaterra.
Y dicen que todas las Nochebuenas florece el árbol que fue bastón de José de Arimatea.


   

Diseño, texto y gráficos de Trenzas. Octubre, 2008