Cuando
quieres decir muchas cosas, agradecer muchas palabras de aliento o
de simpatía; cuando piensas en los comentarios que has cruzado
durante todo un año con los amigos; cuando aprecias cuánto te
han correspondido y cómo han entendido tu estado de ánimo, ya
sabes que no podrás expresar lo que sientes.
Cuando
recuerdas los momentos en que te has reído a carcajadas leyendo
algún post y comprendes que eso te ha ayudado a resistir otro
día; cuando alguien ha compartido contigo la primera fotografía
de su hijo recién nacido, y te ha contado sus primeras palabras y
sus primeros pasos.
Cuando
alguien ha perdido a un ser amado y has podido decirle cómo lo
lamentas, y has llorado por él y con él; cuando alguien te deja
ver sus problemas, sus emociones, las cosas que le inquietan del
mundo que nos ha tocado vivir; sus demonios y sus ángeles.
Y
aunque todo eso te llegue desde mucha distancia física, sabes que
estás muy cerca de esas personas; que forman parte de tu vida,
que siempre formarán parte de tus recuerdos y que eso es algo
impagable.
Como
ya sé que me habéis entendido, sólo me queda una palabra por
decir: